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Busto de José Martí en Ciudad Panamá. 2011.
La Habana 28 de enero de 2011
Queridos:
Solo una actividad de gran importancia política en mi
tierra, de la que no me pude excusar, me impide estar junto a todos
ustedes, cubanos hermanos de Panamá y panameños hermanos de Cuba, en
este día feliz. Día feliz porque nos recuerda el gran regalo que Dios o
el destino hicieron a Cuba y a América dotándonos de un coterráneo de la
talla de José Martí. Y hoy, siguiendo sus enseñanzas, nos honoramos al
honrar su ejemplo pues, como él dijera con justeza, “honrar honra”.
No en balde Martí, que por avatares del destino pasó
casi la mitad de su vida fuera de Cuba, es a la vez el más cubano y el
más universal de todos nosotros. Martí fue un hombre de su tiempo y de
esos hombres que, además, se adelantan a su tiempo. Lo apasionaban las
grandes obras tecnológicas de la humanidad, y por eso atravesó,
deslumbrado, el Puente de Brooklyn el mismo día de su inauguración.
Pienso cuánto le habría fascinado una obra como el Canal de Panamá,
concluida apenas quince años después de su muerte. Y de esta obra habría
seguramente destacado también todos los factores que la hicieron posible,
muchos de ellos del exterior, como la sangre y el sudor no solo de
panameños y norteamericanos, sino también de legiones de caribeños que
acá vinieron a trabajar, y hasta el aporte de la ciencia cubana, el
descubrimiento genial y tan oportuno de Carlos J. Finlay sobre el vector
de la fiebre amarilla, que humanizó las duras labores de construcción
del Canal. La esencia de ese internacionalismo se recoge en la máxima
martiana de que “Patria es humanidad”.
Martí, como pocos, honró el saber y la cultura, y vio
el vínculo profundo entre cultura y libertad al sentenciar, para todos
los tiempos, que “Ser culto es el único modo de ser libre”. Al adquirir
cultura, ya en cierto modo la mujer y el hombre se están liberando,
están desarrollando a plenitud su humanidad. Y, al mismo tiempo, esa
propia cultura les facilita la claridad que los lleva a entender el
mundo y a emprender la lucha con la convicción de la victoria.
El Apóstol, por lo tanto, se sentiría feliz de este
acto en este templo del saber, en esta universidad en la que cubanos y
panameños hemos corrido juntos los riesgos del terrorismo, nos hemos
hermanado aun más en esos riesgos, y por eso sabemos cuánta verdad hay
en la frase martiana de que “Ver un crimen tranquilo es cometerlo”.
Porque el crimen, donde quiera que se cometa o se fragüe o se piense
siquiera, debe ser denunciado, como siempre lo hizo Martí, sin reparar
en las consecuencias de esa solidaridad con las víctimas de un enemigo
poderoso.
Martí fue de los imprescindibles y hoy sigue siendo
de los imprescindibles, y ha de seguirlo siendo por todos los tiempos.
Vuelve a la mente a cada momento, cuando nos enfrentamos a los más
encumbrados desafíos políticos o cuando nos aprestamos a acometer
cualquier coyuntura de la vida cotidiana, porque sus enseñanzas tuvieron
que ver con el comportamiento total de la mujer y el hombre. Para un
cubano es impensable no tener a Martí en la mente. Para mí, es una
inspiración constante. Hace pocos meses, cuando tuve, que reanimar un
parque en mi querido pueblo de jaimanitas, enseguida pensé en Martí y en
su amor por los niños, y elaboré, en recordación de una de sus obras, el
conjunto que llamamos “Nené traviesa”.
Hoy me complazco en traer acá, no como artista
individual, sino como enviado de Jaimanitas, este humilde pero sentido
recordatorio para aquel hombre grande, pensado con las técnicas, el
diseño y los colores que ya son los característicos de mi barrio. Y
quiero agradecer a todos los que hicieron posible el transplante de este
pequeño pedazo de Jaimanitas en Panamá en homenaje al Maestro. Muchas
gracias a la rectoría de esta alta casa de estudios, a la embajada de
Cuba en Panamá, a la Sociedad Cultural José Martí de Cuba, a ese gran
martiano, Armando Hart, que se interesó en el proyecto, y un
agradecimiento muy especial a todos los cubanos martianos residentes en
Panamá y en primer lugar a Ángel Baños que fue el primer promotor de
esta idea.
Finalmente, les pido que me excusen, porque los
artistas plásticos tenemos el hábito de comunicarnos a través de las
imágenes y somos casi siempre cortos en las palabras. Espero que el
busto hable de un modo más elocuente. Gracias, hermanos, por acoger esta
obra de Jaimanitas, por hacerla suya aquí en este día tan pleno de
agradecimientos a la figura insigne de José Martí que nos legó una obra
grande y un ejemplo todavía mayor.
Vivan por siempre las ideas del Apóstol
Viva Cuba
Viva Panamá
Reciban un fuerte abrazo, Fuster.
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