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Un día Dios apartó las nubes..., Exposición Personal
Galería Pequeño Espacio, CNAP, Ciudad Habana, Cuba. 2005.
Palabras de Fusteren su
exposición.
Nací en
Caibarién bajo la luna de un agosto hace hoy cincuenta y ocho
años y trescientos sesenta y cuatro días con sus tardes y sus
noches… un día me eché a nadar y llegué hasta Santa Fe, más
tarde a Jaimanitas, y allí, como ya muchos saben, planté
bandera.
Pero no se asusten, no voy a contarles mi
vida, sería largo y aburrido, aunque sí quisiera evocar, en
palabras breves, algunos momentos que rayaron mi existencia:
como fue mi paso por el Comodoro, la Escuela de Instructores de
Arte en la que conocí a García Peña, a Choco, a Buchillón, a
Picasso, a Gaudí, a Miró y a muchos otros; y aquellos azarosos
días en que me fui a la loma a enseñar, y descubrí mis guajiros,
mis gallos, el son y las palmeras, esos que inspiraron después
mi mundo, no sé si real o imaginario, de color y barro, de
cemento, ladrillo y arena, ese mundo que entre suertes, delicias
y avatares, crece como crece mi alma.
La idea de exhibir una pequeña muestra de
este mundo mío, que hemos titulado UN DIA DIOS APARTO LAS
NUBES…, surgió cuando mi hermano Roberto Chile filmaba su
documental Fúster, guajiro de costa allá por Jaimanitas. Traer
una parte de mi entorno, sin envolturas ni disfraces, a este
prestigioso rincón de nuestro arte, ha sido un reto, reto que
asumí con el inevitable susto de la creación y estos tremendos
deseos de vivir.

Mi oficio no es el de la palabra, es el de
mis manos. Entonces que mis esculturas y mis collages digan por
mí. Así soy como son ellos. Sus colores son los de mi alma. Si a
alguien le parecen demasiado, es porque no lleva dentro mis
vuelos y esperanzas. Mi inspiración es la vida. Mi mensaje es de
paz y humanidad. Mis señales son de humo. Nada escondo porque
nada temo. Soy de todo el que me quiere y así los quiero a
todos.
Los invito entonces a recorrer este pedazo de
Jaimanitas que he traído hasta aquí con la ayuda de mis
imprescindibles, esos que me acompañan en cuanta aventura y sin
los cuales buena parte de mi obra quedaría en el sueño. Gracias
a Rafael, a Virginia y demás compañeros del Consejo por abrirme
las puertas de este espacio y hacer realidad este encuentro.
Gracias a mi familia, en especial a mi hijo Alex, a mis
entrañables amigos y hermanos de la vida. Gracias también a mis
musas, todas preciosas; a los que creen en mí como creo yo en
ellos, y a los que junto a mí navegan en este cocodrilo verde en
busca de sueños cada vez más altos sin perder, ni siquiera un
instante, la fe, la esperanza y la alegría de vivir.
En fin, gracias a todos.
José Fuster.
5 de agosto del 2005
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