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Fúster: Más allá del lienzo. Aymara Gómez, 2008. Epígrafe: El Proyecto Jaimanitas A la entrada de Jaimanitas, humilde pueblecito de pescadores situado a unos 15 km al Oeste de La Habana, una increíble intervención urbanística con carácter de complejo escultórico monumental da muestras del empeño y la labor creativa de sus vecinos, guiados e inspirados por la obra del artista José Antonio Rodríguez Fúster. * Como una ciudad de caramelo salida de un cuento, como en la canción de Silvio, aquí el barro se convierte en milagro, modificando poco a poco el modesto paisaje. Aunque vive aquí desde hace años, Fúster es de otro pueblo de mar, en Villa Clara. Nació en Caibarién en 1946, pero a pesar de sus años nadie creería que estamos ante una persona de su edad: la energía que emana de su cuerpo, de su personalidad y que nos transmite, es la de una persona muy joven, se diría que hasta contagia a quienes lo rodean. Hiperactivo, siempre tiene algo que hacer. Tal vez por eso no se conformó solo con la pintura y fue transitando también por los caminos del dibujo, el grabado, la cerámica, la escultura. Hace tiempo que tenemos pendiente esta entrevista, pero con tanta actividad –ha salido de viaje en numerosas ocasiones, este año también fue nombrado delegado al Congreso de la UNEAC, y para colmo se presentaron estos terribles huracanes que arrasaron por el occidente del país, acariciando una parte de su patrimonio tan cercano al mar- y sin embargo siempre tiene tiempo de recibir a quienes quieran visitarlo. Atravesando las dos calles que nos separan de la 5ta avenida descubrimos algunos portones curiosamente diseñados, cubiertos de azulejos y cerámica mayólica, algunos coronados por curiosas figuras representativas de su discurso de tendencias naif: éste exhibe un gallo, aquel una sirena, más allá un pescador en su barca; también tropezamos con un consultorio médico, un muro, bancos, tanques de agua y cuanto objeto de hormigón pueda imaginarse, todos mostrando la huella de su obra. Por donde quiera la palma, el gallo, el cocodrilo, el guajiro, el caballo, la virgen de la Caridad… motivos fundamentales de este artista que nos confirman cada vez más su cubanía. Al fin llegamos a la entrada de su casa, un inmenso portón de piedra donde se avistan retratos, altares y otras fantasías. La puerta siempre abierta. Para los vecinos del barrio ya es algo común, pero quienes llegan por primera vez se quedan extasiados frente a las enormes figuras de más de 2 metros de altura, revestidas de azulejos de colores que dan la bienvenida tras pasar el umbral. Y a pesar de los huracanes y del mal tiempo, una nueva escultura, majestuosa, se erige ahora como una revelación: El Olimpo de los Cinco, una mano de hierro vestida de cemento y cerámica que se eleva desafiante a unos 10 metros en dirección al cielo. Es su homenaje a los cinco cubanos prisioneros en Estados Unidos, su tributo a la libertad. Vamos a hablar del proyecto Jaimanitas. ¿Qué es, en qué circunstancias se le ocurre a Ud este proyecto? Este proyecto surgió en el año 94. Primero empezó como un juego de niños. Yo empecé arreglando mi casa y luego seguí levantando un muro y poniendo las cosas que yo hago en la calle. La gente empezó a ver mi cerámica, esa que me ha acompañado tantos años y cuando vine a ver algunos vecinos me empezaron a decir que querían tener en sus casas lo mismo que yo. De pronto estaba enfrascado en un proyecto de tipo urbano, con la gente. Empezamos a arreglar un poco las fachadas con nuestros propios recursos y así se fue extendiendo hasta el día de hoy que ya tenemos alrededor de dos o tres cuadras y varias casas arregladas a la onda mía e incluso un monumento como el que acabamos de inaugurar. Es una historia muy simple, muy sencilla. ¿En algún momento pensaste que fuera a tener el alcance que tiene hoy en día? Yo nunca sé lo que va a pasar mañana, sé lo que va a pasar hoy. Cuando empecé haciendo esto no sabía a dónde iba a llegar, no tenía ni idea. Yo tengo por ahí una frase que es la que me retroalimenta -me imagino que sea la que me identifica- que dice que el camino más largo empieza por el primer paso. Y todos los días doy un paso, así, lentamente, como el elefante… Creo que cuando se trabaja todos los días, el trabajo acumulado va dando éxitos. Por supuesto que para ejecutar una obra monumental como la suya hacen falta recursos, tiempo, dinero, pero sobre todo fuerza de trabajo. ¿Cómo te las arreglas para lograr todo esto? Yo empecé trabajando con personas que no tenían ni la menor idea de lo que es el arte, y creo que ya lo entienden mejor. Con ellos, empezamos a decorar paredes y ya son maestros. En este momento ya cuento con un equipo profesional de trabajo, personas a quienes les pago por trabajar, pero también tengo amigos y vecinos que colaboran, que son inquietos y se acercan a mí. Ellos pueden hacer otro trabajo mejor remunerado, mejor pagado, pero prefieren hacer éste. ¿Existió en algún momento la intervención de un urbanista, quiero decir si te has asesorado por algún arquitecto u otro especialista en la materia? Bueno, ahora sí, y a partir de un momento determinado yo lo busqué, pero en los inicios no. Mis primeras obras hasta el año 2000 no tuvieron ningún asesoramiento, los asesores éramos nosotros mismos, los albañiles que son muy técnicos. Pero ya después, para hacer estas esculturas, me apoyé en Benito, un ingeniero que es máster en la Cujae, quien nos enseñó a mis trabajadores y a mí a trabajar con el ferrocemento. Y ahí está como resultado ese Shangó, por ejemplo, que ha sobrevivido a tantos huracanes. ¿Y los obstáculos? Supongo que en estos trece años has debido encontrar algunos. Cuéntanos… Obstáculos he encontrado muchos, constantemente. Multas también. Al principio me pusieron algunas, incluso cuando hice el famoso muro de la Bienal de La Habana, y a mi empleado le decomisaron los materiales… pero ya no. Entonces, encontraste algún apoyo institucional… En esta última etapa, sobre todo con el Olimpo de los Cinco he tenido un apoyo sostenido… Porque yo quiero que sepas que esto nadie me lo encargó, yo lo hice porque yo quiero, porque yo me identifico con la causa de los Cinco. Y luego se sumaron también mis vecinos, a quienes les gustó mucho la idea. La gente ya está creyendo en mí y creo que de ahora en adelante la cosa va a funcionar distinto. ¿Y si te encargaran hacer este trabajo fuera de Jaimanitas, lo aceptarías? No lo hago. Ya me lo han encargado y no lo he hecho. He hecho cosas pequeñas, en casas de amigos, pero yo quiero tener todo mi trabajo concentrado aquí. Incluso internacionalmente, me han propuesto pagarme muchísimo dinero para que lo hiciera en Garnier, una estación del metro en Francia y dije que no, que tenía que ser solo en Jaimanitas. No acepté. Ahora bien, puesto que un trabajo de esta magnitud implica necesariamente la aprobación y participación de tus vecinos, ya que veo que muchos han aprovechado para arreglar y adornar también sus fachadas, quisiera que nos contaras cómo se fue logrando esto, como lograste esta integración, quién y cómo se definen los diseños. Bueno, en el caso de mis vecinos, ellos son más bien quienes me han convencido a mí de poder hacer algo. Y yo los he hecho cómplices de mi propio trabajo. Te cuento: Un día una vecina me dijo que su hija era una princesa y yo le pregunté -¿Como se llama tu hija?- Ella me dijo –Diana-, -Bueno vamos a hacerle un monumento a la princesa Diana-. Otro día un vecino me dijo -Ay, mi mujer es la más linda del mundo-, -¿Y cómo se llama tu mujer?-, -María-, y así surgió María Bonita. A veces la gente me pide que le haga un gallo, por ejemplo, y yo lo he hecho… pero generalmente yo decido los diseños según me venga la inspiración. Yo digo como decía Hemigway, “Si la inspiración existe, que me sorprenda trabajando”. Pero se necesita comprar materiales, no solo para trabajar la cerámica, sino también la pintura a la cual no dejas de lado, y además materiales de construcción, hierro, cemento, pagar a los trabajadores….¿Quién financia este proyecto? Ahora en esta última etapa me han apoyado mucho algunas instituciones, el Ministerio de Cultura, los compañeros del Cuerpo de Guardafronteras y otras instituciones que me proporcionaron los materiales. Pero hasta ahora he sido yo quien ha pagado todo. ¿Qué trascendencia ha tenido el proyecto Jaimanitas? Bueno, ha sido muy divulgado, no solo por centros de prensa cubanos sino también algunas cadenas de televisión. Recientemente me han hecho varias entrevistas por ABC, BBC,CNN, Telesur, Al Jazira, el Centro de Estudios Cubanos de Nueva York. No los puedo recordar todos porque son muchos. La palma, el gallo, el juego de dominó, son algunos de tus temas preferidos. ¿Cómo fue que llegaron a constituirse símbolos de tu obra? Mira, todos estos elementos los encontré yo en mi adolescencia y a partir de ahí nunca más los abandoné. Porque yo fui alfabetizador y viví ese momento en la Sierra Maestra, esos 14 años, ese peligro de morir… de que te encontraran en un árbol como sucedió con algunos brigadistas. Y entonces ver amanecer en la Sierra, el cantar de los gallos, esas palmeras… Incluso me agarró un ciclón, ese ciclón Flora que pasé en las montañas me marcó mucho. Todo eso es para mí una batería que permanentemente ha estado en mí. Yo siempre he dicho que el arroyo de la sierra me complace más que el mar, siempre he tenido presente lo que me ha acompañado en la vida, el recuerdo permanente del Hombre Bueno que es el hombre de La Sierra Maestra. Háblanos ahora del Olimpo de los Cinco. Cómo surgió la idea y por qué EL Olimpo. El pasado año yo empecé a acariciar esa idea en noviembre. Yo quería hacer un homenaje a estos cinco compatriotas y me apuré muchísimo para ver si podía inaugurarlo durante el Congreso de la UNEAC, como parte de mi ponencia, pero materialmente fue imposible pues encontré muchas dificultades por la parte constructiva: los grandes elevados nos daban mucho trabajo. Se acercaba el Congreso y ya teníamos todas las instalaciones, pero faltaba revestirlas y entonces decidimos inaugurarlo en septiembre, en el décimo aniversario del encarcelamiento de los Cinco Héroes que se conmemoró el día 12, pero en realidad este monumento se inauguró el lunes 15. Y El Olimpo es El Olimpo porque eran los días de las Olimpiadas, y ya cuando casi estaba terminado un vecino lo vio y me dijo que le recordaba un Olimpo, el lugar donde viven los dioses. Me gustó mucho la idea, y le dije: Este va a ser entonces El Olimpo de los Cinco. Para nosotros, los cubanos, está claro que la mano simboliza la unidad. Los cinco dedos, las cinco figuras sin rostro son los cinco héroes; los colores azul, blanco y rojo los de nuestra bandera… Ahora bien, ¿Crees qué cualquier persona de cualquier latitud sea capaz de entender esta simbología y comprender tu mensaje? Yo creo que sí, que esta simbología tiene carácter universal. Son cinco banderas, son cinco dedos. El número cinco es un número clave, son los dedos de la mano, es la familia, es la unidad, la fortaleza… La mano la he retomado aunque la mano la ha trabajado mucha gente, pero yo no tengo prejuicios con esto. Yo digo que si otros lo hicieron yo también lo estoy haciendo. Yo digo que todo pintor tiene sus influencias. A mí me han adjudicado varias influencias, de Picasso, de Gaudí, que siempre he reconocido. Yo digo que si alguien con buena intención quiere ver una influencia, lo acepto, pero si lo hace con mala intención que busque ahí, que ahí está Fúster. He oído decir que tu intención es llegar a alcanzar el océano. ¿Qué piensas hacer cuando se termine el proyecto Jaimanitas? ¿El infinito?... Yo tengo fe en que hay otras personas que ya están haciendo cosas. Por ejemplo, en el reparto Kohly se están haciendo cosas similares. Yo estoy ahora aquí, tratando de ayudar a la gente. El día que se me acabe el espacio iré a ayudar a otros. * La casa taller de José Fúster está sita en calle 226 esquina 3ra A, Jaimanitas, Playa, Ciudad de la Habana. |
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