Fuster en la fiesta innombrable.
El Verbo se hace voz en la palabra
y en la imagen nos entrega su rostro.
Eso de que Picasso y Gauguin
no estuvieran en Cuba, puede ser cierto.
Mas, sus miradas y manos en la obra
permanecen alertas, en espera
de otra mano y mirada que hallen numen
en dibujo y color, composición y textura
del irradiante cuerpo que da perpetuidad
a cuanto en él alberga vida y obra.
Ahora Fuster convoca a celebrar con él
la alegría de vivir aquí en la Isla.
Nadie lo dude, en esta fiesta Fuster
rinde homenaje a Gauguin y Picasso.
Todo es naturaleza en sol y son.
El gallo, diana que Mariano, aquí presente,
eligió como signo del despertar de la Isla,
corona el Nazareno; la Caridad del Cobre,
Oshún, asiste con amor a uno y trino.
Caimán, lagarto, apero de labranza
la Isla tiende su verde, la esperanza
que abarca suelo y cielo, el gallo en vuelo, canta.
Bicicletas, camellos, recorrido y transporte
que trazan en su estela
ciclos continuos entre luz y sombra,
entre término y vía.
Eso confirma el número en las cinco palmas.
La fiesta es saber reconocernos,
la familia en la mesa mientras juega
al dominó, ¿a las catas? El número
es designio en las revelaciones.
En todo ser, hombre, mujer, que aquí
en la fiesta de Fuster participa,
el otro que hay en uno no se oculta.
En todo rostro hay dos,
ambos mostrando lo perenne y fugaz
que en uno anida y se expande, termino y vía.
Por eso no es de dudar que en la fiesta se hallen
también Víctor Manuel, Wifredo, Amelia,
René, Luis, Milian, Servando, Raúl y Ñica.
Todos celebran ahora
la alegría de vivir en familia,
en el arte ligados en espíritu,
cada cual con su aporte, “te doy una canción”,
dicen cantando y la palabra imagen
gallo, pez, palma, configuran islas
que unidas dan un nombre a la fiesta innombrable:
La Alegría de Vivir en dibujo y color,
composición, textura que en Fuster
recrean albas y ocasos, términos, vías.
Pablo Armando Fernández
La Habana, 4 de agosto de 2002