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Críticas y Escritos

Fuster es una fiesta. Virginia Alberdi. 2003.

Cuando se habla de la tradición plástica cubana, suelen aparecer ciertos tópicos, como: exuberancia, explosión cromática, apoteosis del mestizaje, luz del trópico Ciertamente, somos barrocos, nos gusta hartamos en la demasía que nos ofrece nuestra naturaleza humana, esa de pueblo extrovertido, rítmico y expansivo.

Mas no todos los artistas tienen mano y gracia para revelar esos denominadores comunes y hacerlos únicos, irrepetibles; imantados para siempre con un sello personal.

Uno de esos casos singulares se llama Fuster. Dígase así, Fuster a secas, y ya se sabe de quien se habla en el contexto del arte cubano contemporáneo. Más que el ceramista, el pintor, el dibujante, el escultor, aparece ante la vista un fabulador de imágenes que se expresa mediante diversos soportes visuales. Un nombre que ha hecho de su estirpe plástica un monumento a la insularidad más diáfana y rotunda, que se ha escapado de los tópicos, sin dejar de ser fundamentalmente un multiplicador de iconos que nos identifican.

Fuster es la luz, la exuberancia, el color, la transculturación... y es Fuster. A golpe de ojo se advierte su huella creadora. En cada una de sus criaturas van juntos la idiosincrasia plástica del autor y el perfil de su entorno.

Si tuviera que adscribirlo a uno de los tantos linajes de la riqueza plástica de nuestro país, me atrevería a incluirlo bajo el árbol frondoso de Samuel Feijoo, alguien que desalmidono la creación artística con el desparpajo y el desenfado más serios de este mundo. En Fuster se respira humor, alegría, un aire de fiesta que transpira aun cuando aborda temas de los llamados trascendentes.

No puede ser otra la mirada de quien vive pegado a! mar, al barrio, a la conversación, a la jarana oportuna, y al cabildeo con los contornos más luminosos de nuestra identidad. Y toda esa desbordante cubanía lo hace universal.

La alegría de vivir es el nombre de su más reciente muestra que la Galería Servando Cabrera, en la zona de La Copa, municipio de Playa, inauguró esta semana, coincidencia feliz con la celebración del cumpleaños del artista. En estas acuarelas evidencia sus marcas y el oficio; el santo y la seña de su ser icónico y jubilar. Por eso la presencia de tantos y tan entrañables amigos, el hermoso poema de Pablo Armando Fernández, y las palabras atinadas y precisas del pintor, critico y poeta Pedro de Oraa, para introducirnos en este Fuster único.

 

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