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FUSTER, genio y figura en la pintura cubana.
Virginia Alberdi. 2007.
Virginia Alberdi
febrero de 2007
Frescura, espontaneidad, cubanía, son indiscutibles
elementos identitarios en la obra de uno de los más reconocidos creadores
cubanos, un criollo, que ha sabido enriquecer la pintura con la fuerza
expresiva del ingenio popular, pero con la sagacidad de convertir en arte
ese gracejo, así FUSTER, ocupa por derecho propio un bien ganado espacio
en la pintura cubana de hoy.
Esta afirmación se corresponde con el aliento que ha
impregnado a su obra este creador auténtico, campechano y jovial que con
indiscutible maestría desde los años 90 ha dotado a las artes plásticas
cubanas de una iconografía inconfundible, guasona y simpática, en la que
el pintor devenido en cronista de todos estos años ha llevado a las telas
y papeles momentos, personajes y elementos que identifican al cubano, su
idiosincrasia, su apego a las costumbres y la aparición de nuevos
elementos que se han incorporado al imaginario popular.
Sorprende ver el dominio de una técnica como la
acuarela en la que el artista desborda su imaginación para unir a un
dibujo de trazo firme y suelto los colores que identifican la luminosidad
que ha impregnado el sol del trópico en todo este mundo al que ilumina y
calienta.
Así, este fabulador contumaz, burlón y zalamero,
también ha poblado telas con la pintura de todo un imaginario insular que
en el perpetuo caos de esos personajes y situaciones presentados en medio
de un brillante estallido cromático conforman esas escenas que “encuentran
su justa medida en una propuesta conceptual que jerarquiza símbolos y
señales alusivas tanto a los íconos de la cultura cubana como a asuntos de
reflexión universal, tanto valores doméstico-costumbristas como
especulaciones ético-filosóficas ”, como alguna vez expresé al presentar
una de sus exposiciones.
Cronista de una época que ha iluminado con el colorido
y la sensibilidad de un elocuente griot, lleva su atención a ese pueblo
sencillo que dotado con la impronta de una rica gama cromática viaja en
“camello”, ese vehículo sui generis, producto de la necesidad y el ingenio
criollo que mitiga la ingente necesidad de transporte público existente, o
disfruta de una cena en torno a una mesa con frutos del país y pescados
porque la cercanía perpetua de este pintor a la costa se refleja en los
hábitos alimentarios de sus personajes. En otra de las series de este
infatigable creador, los rescatados autos de los años 40 y 50, verdaderas
piezas museables que a diario transitan por las calles de las ciudades
cubanas ocupan un espacio protagónico. Referencia obligada al desarrollar
estas crónicas de Fuster es la música, esa musicalidad de que hace gala el
cubano, se patentiza a través de la animada representación de músicos:
guitarristas, bongoseros, maraqueros, parejas danzantes, todos evocadores
del son, las décimas y otros ritmos de esos que animan el universo sonoro
cubano.
La fauna insular en especial los caimanes y cocodrilos,
de verde colorido, evocadores del contorno de la mayor de las mayores
Antillas, también tiene su espacio en la pintura de FUSTER. Las mujeres de
cuerpos rotundos y largas melenas, los guajiros de sombreros amplios,
viajan, se aman, juegan dominó, cenan y se regocijan en constante festín
gracias a la imaginación prodigiosa de este artista que ha dotado a las
artes plásticas cubanas de una visualidad de picassiano dibujo, exaltado
colorido y un espíritu vigoroso, del que no escapa esa desenfadada
religiosidad que permite representar las deidades africanas en comunión
sincrética con las imágenes cristianas.
El dibujo que en sus inicios, allá en los años sesenta
apoyaba las creaciones tridimensionales del joven ceramista, con él
maduró, cobró independencia y se reafirma en esta pintura que hoy le
identifica, y lleva a convertirse en ese multiplicador de íconos, que
enriquece la visualidad, y comunica esencias.
Fuster es, en definitiva, el pintor de un estado de
ánimo, del tránsito entre lo popular preterido y lo popular conquistado,
una espiral que asciende para fijar con tono propio y alma asaetada una de
las más brillantes zonas en que la cubanía se proyecta a escala universal.
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